Porque cada experiencia enriquece nuestro conocimiento;
y cada letra encierra una gota distinta del caudal de sentimientos que tiene un escritor.

jueves, 31 de enero de 2019

LIBRE

Caminando cual marinero entre olas iba yo esquivando las gotas de lluvia que caían sobre mí como caen tus recuerdos cuando escucho a Sabina. El sonido tenue del asfalto al tocar el agua me susurraba lentamente tus palabras: "quiero ser libre". Siempre quise saber qué significaban en realidad aquellas letras juntas. Las tengo en la cabeza retumbando con fuerza desde que comencé a ver el mundo con ojos de verdad.

Libertad, sueño dorado que queremos alcanzar casi con tanto fervor como Cortés quiso encontrar aquél Dorado edén. ¿Cómo defines la libertad? ¿Somos libres de verdad? Yo me jactaba con hidalguía que había alcanzado la libertad en muchos aspectos. Sin embargo, pese a cada logro, el vacío del barco en el que viajaba me tenía sin palabras. Había viajado mucho, conquistando hermosos mundos que enseñaron tanto. Había incluso decidido sacar el ancla y clavarla al fondo de playas que ahora yacen lejanas. ¿Era de verdad libre? No. Si recuerdas bien, cuando cruzamos palabras y algunos versos por última vez, te expresé sin temor que había sido preso de mi soledad. No podía contener la verdad sólo por aparentar.

Y es que uno se cansa de viajar tanto. Me asusta el hecho de, a estas alturas de mi vida, haber logrado tantas cosas, pero no lo más importante: fundar los cimientos del imperio que siempre soñé. ¿Acaso el hecho de ser hombre me impide demostrar lo que siento? A veces suspiro tan hondo que siento que hasta mis fantasmas sienten mi dolor. ¿Cómo pertenecer a un mundo que dibuja rasgos predeterminados en agresividad y "rudeza" para los hombres?

Me han dicho mil veces que el escribir este tipo de líneas me hace vulnerable, me hace ver como un mendigo que pide pizcas de amor por las calles. ¿Acaso no puedo demostrar un lado más humano, más equitativo, menos agresivo? Me cansé de pretender ser el macho de pelo en pecho (y eso que mi piel no pinta ni uno).

Tal vez me desnudé antes de tiempo. Tal vez me mostré vulnerable y descubrí mis puntos débiles. Sea como sea, tus palabras me hicieron entender que la libertad es mucho más que sentirse en la cima del mundo, mucho más que este espejismo dibujado en mi mente. Las olas volvieron a despertar, el sol imponente pelea feroz con los vientos que me alejan de ti. Continúo mi camino, preso de mi libertad.

viernes, 7 de diciembre de 2018

CONFESIONES

Entre susurros, en medio de la noche, entre tanta oscuridad no podía distinguir entre la realidad y la fantasía. El viento no dejaba de soplar que hasta creí estar en alta mar, entre monstruos, piratas, sueños y esperanzas rotas. Mi mirada cansada no pasaba desapercibida, al igual que las gotas de lluvia que yacían en mis cortinas. 

De entre tantas calamidades, te vi. Brillabas más que el sol a medio día, más que cualquier estrella que adorna el eterno infinito. Tu voz tenue me recordaba al sonido de la brisa que me arrullaba cuando me veía perdido entre mi soledad. Debo reconocer que no fue fácil darme cuenta que el fortín que había construido a mi alrededor se estaba quebrando lentamente y sin temor. Esta es la primera vez que entre estas líneas mi musa cobró vida. Después de millones de pasos olvidados, después de la batalla más letal que enfrenté, después de tanto, al fin aquél rostro que inspiraba miles de poemas y escritos sin sentido, tenía forma, color y aliento.

Y es que las mejores experiencias de la vida son fugaces. Los mejores sabores, indescriptibles. No podemos alterar el tiempo ni lo que otros sienten por nosotros. Sin embargo, me niego rotundamente a verte una vez cada mil años. Me niego a sentir que te desvaneces como arena al viento. Tú me dijiste que no era necesario conocer a alguien mucho tiempo para darte cuenta que pueden ser importantes en tu vida. Y como en todo lo que dijiste, en eso también tienes razón. El tiempo es irrelevante cuando se trata de sentir.

De ti aprendí a tomar valor para romper las cadenas que me ataban. Fuiste quien rompió el candado oxidado y viejo que sellaba mis esperanzas. Quiero ser yo, por primera vez en la vida. Quiero sentir y vivir lo que me prohibí por tonterías. Quiero ser en ti el calor que te proteja del invierno, el guardián de tus sueños, el sabor perfecto de tus sinsabores. Quiero despertar y saber que tus ojos, ahí donde están, también brillan por mí. 


sábado, 24 de noviembre de 2018

SOLEDAD

Cuando el silencio habla más que todas las palabras que hay en tu cabeza, es entonces cuando te das cuenta que la soledad puede ser abrumadora. El reloj de pared antiguo no deja de sonar y cada tic-toc llega como un letal martillazo directo en la sien. Aunque hay luz, la oscuridad te abraza. Aunque en la calle parezca haber vida, tu mundo yace inerte dentro de ti, ¿De qué te sirve tener todo si se siente como nada? Bocanadas agrias de nada, saladas por las lágrimas que ya no puedes llorar.

Si te pidiera que despiertes, sé que no lo harías. Tu orgullo es tan grande que piensas que es sólo una etapa más, que hay días así. A veces, nuestra ceguera es grande, profunda, agobiante; pero pese a todo eso nos negamos a ver que hay muchas más cosas que nos pueden hacer felices de verdad. A veces, nos sentimos más dichosos cuando no tenemos mucho. ¡Claro! Parece que así el mundo nos quiere más.

Cuando escuché a Gary Vaynerchuk decir que el éxito trae soledad, no le creí. Que emprender es más difícil que ser empleado, tampoco le creí. Sin embargo, hoy que comienzo a ver el camino diferente me doy cuenta que necesito que lo que dijo no sea verdad. ¿Crees que estoy exagerando? Tal vez sí. Tal vez no. Tal vez tu situación sea mejor que la mía, tal vez peor. Pero sea cual sea la realidad, hay algo que nunca dejará de ser cierto: el éxito y la soledad bailan al compás cual vals de bodas, mirándose a los ojos, enamorándose cada vez más, hasta que la muerte los separe o los una por la eternidad.

viernes, 9 de noviembre de 2018

MELANCOLÍA

Aquella mañana en la ciudad fue distinta. Desde que abrí mis ojos, desde que mi mano se extendió para silenciar el ruido que emanaba del celular. Muy dentro sabía que el día no iba a ser tan bueno, muy dentro sabía que algo faltaría. Y es que es inevitable no sentir melancolía al ver mi cama vacía, ausente. A veces siento que nada de lo que hice fue suficiente, por lo menos para quienes juraban amarme, comprenderme, quererme.

Hice lo que tenía que hacer. Levanté mi adolorido torso como si me estuviera recuperando de una de las más grandes batallas de mi vida. Caminé un poco, viendo sin ver. Todo era borroso y sentí que así se debe ver la soledad. Sólo siluetas sin forma, vacíos inmensos, peligrosos. Lógico, necesitaba ponerme los ojos de vuelta, así que moví mis piernas a paso lento hacía ellos. ¿Cómo le haces para no ver? Cada vez que veo el espejo es una tortura. Mis ojos gritan demasiado, es imposible esconderme de ellos. Hay días en los que esta tortura no es notoria, nadie se da cuenta.

Tenía los brazos firmes sobre el lavamanos, mi cuello se hundía entre mis hombros mientras pensaba en todo lo que necesitaba cambiar. Es como querer redecorar toda tu casa. Aunque eso, lo confieso, es muchísimo más fácil. Cuando no te gusta el diseño del dormitorio, o algunos muebles, los cambias y ya.  Pero ¿cómo cambiarle los muebles al alma? ¿Cómo redecorar mi interior sin que eso me cueste la vida? Esas preguntas tienen respuestas que tal vez nunca escucharé. 

viernes, 18 de mayo de 2018

VEN CONMIGO

Soñamos tanto con encontrarnos que parece la historia de mi abuela, esa en la que el amor y la lealtad sí existen. Las puertas del tiempo, en oscuridad total, alumbraron un camino de libertad. Libertad de amar y de escoger con quien compartir aquel colchón viejo que dejó de estar soltero cuando te encontré. 

Conocerte fue como encontrar un oasis en medio del desierto, como beber del mejor vino del mundo. Te vi caminar y supe que quería dar los siguientes pasos a tu lado, de tu mano. No creo que la vida me rechace tal petición después de tanto. Pero si la vida se pasa de perra conmigo y te aleja de mi vida, la perdonaré. Aceptaré y firmaré conforme en pie de página. 

Mientras tanto, ven conmigo. Descubramos el mundo juntos, sin miedo, sin vergüenza. Andemos desnudos por los jardines de la vida que así viviremos mejor. Ven conmigo, no te arrepentirás porque cada día será una aventura, un salto bungee, una travesía.

sábado, 21 de abril de 2018

AÑORANZAS

Mentiría si te dijera que no te extraño, también mentiría mucho más si negara que te quiero. La vida es tan compleja que los sabores más exquisitos no vienen todos los días. Y es así que tuve que esperar varios años para encontrarte. Tal vez mis líneas te tomen por sorpresa, que mis palabras no logren penetrar tu piel. Sin embargo, quiero hacerlo, quiero morir en el intento.


Tus ojos y su brillo natural iluminaron varios de mis días. El sólo imaginarte a mi lado me dibujaba una sonrisa enorme en el rostro. Y créeme si te digo que he vivido mucho para darme cuenta que necesito en mi vida a una mujer como tú. Pero tranquila, no te incomodes. No deseo que estas letras sean mensajeras de una declaración. Sólo quiero que sepas que conocerte desestabilizó el balance de mis días, me dio un golpe certero que despertó mis ganas de volver a enamorarme.

Eres una mujer extraordinaria y a la vista se nota que también, así como yo, sueñas mucho y muy alto. La ambición es algo que valoro mucho y en tantos caminos que recorrí, no conocí a alguien así. Me deslumbraste, me cambiaste el panorama. Aún recuerdo cuando te conté que mi pareja debería ser la copiloto de mi vida, una persona que pueda asociarse conmigo para alcanzar objetivos juntos. Y es que es eso, darte cuenta que vas a darle valor a tu tiempo con alguien que te ayude a crecer y ser mejor día a día.

Gracias por haberme hecho sentir vivo de nuevo. Gracias por darme la esperanza de seguir ganando en la vida y saber cómo exactamente debería ser la mujer de mi vida.

Gracias por ser, antes que nada, mi amiga. Yo te quiero y así siempre será. Yo te quiero y por eso no deseo alejarme de ti. Gracias por ser en mí lo que yo quiero ser en tu vida.

Recibe un fuerte abrazo, un beso y mis más sinceros deseos de éxito y prosperidad.

Abrazo

lunes, 25 de diciembre de 2017

AUSENCIAS

"Te voy a palpar aún en la más profunda oscuridad"
No sabía qué creer. La incertidumbre me devoraba por dentro y aquella desesperación de saberte lejos no me dejaba dormir. ¿Dónde te habías metido esta vez? ¿Acaso no pudiste entender que era necesario tenerte cerca para sentirme vivo, aunque sea por unos segundos? Sé que no debo insistir, sé que no estás a mi entera disposición. Es inevitable no dejar de imaginarte con otras personas, de verte en mi mente bailando y seduciendo a otros mortales sin fortuna como yo. 

Volviste hace un par de días, tan radiante, pero asesina. ¿Te extrañé? Mucho, tal vez inconscientemente al no aparentar tu ausencia. No sabes qué difícil es mostrarle una sonrisa al mundo cuando por dentro me muero en tristeza por no tenerte cerca. En fin, volviste. ¿Te gustó estar con otros? ¿Se siente igual? Lo dudo. Cada ser representa un mundo y un diferente tipo de locura. ¡Ay, cuánto te echaba de menos! Tus caricias mientras dormía y tus ojos llorosos al despertar.

Ahora que regresaste, deseo saber cuánto tiempo te quedarás antes de abandonarme de nuevo. Eres muy importante, ¿sabes? Eres vital para ver el otro lado de la moneda y valorar la compañía de quienes sí me quieren. No me dejes tanto tiempo esta vez. Te voy a sentir, te voy a palpar aún en la más profunda oscuridad. Te voy a tener de la mano al llegar a casa, al dormir, al llorar. ¡Gracias! Aunque dueles, enseñas. Soledad mía, soledad de otros. Soledad constante que te reflejas en lo gris de mis días. 

Esta carta te la escribo a ti, soledad de mi vida.

Con cariño y vehemencia, tu más fiel servidor.

domingo, 5 de noviembre de 2017

EL ÚLTIMO VIAJE

Después de viajar tanto, me dí cuenta que los kilómetros recorridos no me llevaron a ninguna parte. No quiero decir que no disfruté de cada lugar. ¡Claro que lo hice! Si ustedes pudieran ver con mis ojos y tener en sus retinas tales recuerdos, estoy seguro de que más de uno saltará de esa silla o de la cama de la pura emoción. ¿Tomé fotografías? No. ¿Por qué? Porque los mejores lentes fotográficos son nuestros mismos ojos. Porque el tomar fotografías significa tener que sacar la cámara, enfocar, ser preciso, y todo eso toma tiempo, tiempo valioso que se pierde en lugar de sólo detenerse, admirar, suspirar y seguir el camino.

He visto amaneceres distintos y aún no encuentro aquél que quiero ver todos los días por el resto de mi vida. Es ese sinsabor que te deja en la boca el saber que disfrutaste de un lugar, pero no fue como te lo imaginabas. Y ¡ojo!, que no quiero decir que todos esos destinos sean pésimos, porque sé a ciencia cierta que cualquiera de ustedes se enamoraría al instante de ellos. 

¡Estoy harto! Estoy cansado de seguir viajando. Necesito un respiro, un ¡alto! que me mantenga juicioso y con la cabeza fría para continuar. ¿Cómo dejar de viajar cuando ya tienes los boletos de avión, de tren y hasta de bus en las manos? Necesito desaparecer por un tiempo. Tal vez así limpie mi cabeza de recuerdos y emprenda el último viaje de todos, el definitivo, el viaje a donde me quedaré por el resto de mi vida o lo que me queda de ella. Necesito beber un vaso de agua y respirar.

Te extrañaré y mucho.
¡Sonríe!

miércoles, 22 de marzo de 2017

A PLUMA Y ESPADA

De los sitiales más oscuros
De aquél rezo inconcluso
Sin saber de ti ni del mundo
Ni de nada conocido, nací.


Luchador desde el inicio
Trovador cansado y sin oficio
La tierra, el vino y tu cariño
¡Que combinación! ¡Qué delirio!


Cual caballero sin fortuna
Sin armadura ni gloria alguna
Así de bendecido por la vida
Desterrado por la muerte misma, viví.


Tanta belleza, tanta osadía
Me matas con sólo mirarme
Aunque aún tus labios
No hayan pasado por aquí.


Hay tanto que decirte
Memorias que aún no existen
Porque esta ausencia tuya
A tenor de mi pluma, me mata.

lunes, 20 de marzo de 2017

DILUVIO EN LA CIUDAD

No había acabado de llover cuando me di cuenta que ya había caminado como 4 cuadras bajo aquel manto fresco de agua bendita. El olor del asfalto mojado llega a ser como una droga que adormece los sentidos y nos lleva de viaje a otros tiempos, a otros escenarios. Los libros se me estaban mojando al igual que las ganas de verte. Era tan curioso sentir que podía sentirte llegar, imaginando el minibús de algún color llamativo como los que se ven a diario en esta ciudad, trayéndote hacia mí. 

Ya parado en medio de aquella plazuela, todo el mundo me miraba desde su escondite lejos de la lluvia, como si las gotas de agua fueran balas de guerra en pleno ataque militar. Imagino que temían enfermarse; yo carecía de tal temor porque ya estaba enfermo por tu ausencia. No obstante, me rehusaba a irme, sin importar el temporal. Mis pies estaban congelándose poco a poco, como si hubieran sabido que ya pasaban de las nueve de la noche y el frío era implacable y tenaz.

Cada minuto moría lentamente tras el anterior, y el anterior, y el anterior. La calle ya estaba más desierta que bar en Semana Santa. ¿Ya llegará? Me preguntaba una y otra vez. Sin embargo, la respuesta parecía tan obvia. No. No llegará. ¿Por qué atreverse a enfrentar el diluvio que acechaba la ciudad y mi corazón aquella noche de otoño?

Antes de irme, le dejé una nota por si algún día decidía aparecer. La nota estaba escrita en un papel que a mi puño y letra decía: "La eternidad que sentí al esperarte bajo la lluvia es la misma eternidad que me gustaría vivir a tu lado".

sábado, 4 de febrero de 2017

NÓMADA



La vida me enseñó que el camino no está siempre dicho, que las huellas no siempre dicen por dónde hemos ido. El factor de reacción es el sentimiento que nos mueve lentamente del colchón, y de vuelta hacia él. Amor o pasión, deseo u obsesión. Lo que quieran llamarle. Al final llegan a ser sólo claros eufemismos nada más. Máscaras de piel y de algodón.

Cada nota en la guitarra que nunca aprendí a tocar, cada palabra de aquellos versos que nunca aprendí a crear, todas forman parte del círculo interminable de vicios y adicciones que con los libros y con sus labios adquirí.

¿Es posible viajar sin equipaje? Puedo afirmar que no. Nadie se lanza al otro lado del mundo llevando sólo lo que trae puesto. Necesitas algo, una prenda, un cepillo de dientes, un sueño, que te recuerde claramente de dónde vienes y te dé una pista hacia a dónde vas. Y así, me puse a pensar en todo el equipaje que llevo en las espaldas a cada uno de mis destinos que hasta el día de hoy se hacen infinitos. Es como hacer un recorrido por cada capital en cada uno de los siete continentes de este mundo variopinto.

No tengo cualidad de sedentario. Me enamora viajar y viajando me he enamorado. Nómada en toda la extensión de la palabra y su sentido. Es ya casi imposible que me asiente en un solo sitio. Es complicado entender el porqué en cuanto me gusta más de la cuenta, en cuanto me enamoran sus bosques y playas, me marcho del último destino al que voy. ¿Cobardía? No. Es solamente mucho más amor por seguir viajando. Quizás muera en mi intento de encontrar la ciudad perfecta, el clima ideal y la vista que quiero grabar en mis retinas por el resto de mis días.

Aunque no lo crean, es triste sentir que después de viajar tanto, no perteneces a ningún sitio. Triste saber que ya ni el whisky sabe igual después de tantos años. ¡Al carajo! Si aquella 500 noches de Sabina, yo las vivo día a día; sin importar que esté volviéndome aún más loco de lo que ya estoy, derrochando, poco a poco, el dinero, la vida y los sentimientos.

martes, 27 de septiembre de 2016

LA MUERTE: ¿EL FIN DEL CAMINO?


El frío y la piedad nunca entablaron relación perfecta. Las entrañas del mundo y de quienes lo habitamos preferimos a la segunda. Piedad que encarna el calor humano al estar vivo, mismo calor que viene acompañado del fuego, del sol, de tu alma. Al transcurrir nuestra vida vemos reflejado en la realidad el incomparable sentimiento que el estar frío significa. Estar frío, ser frío, mirar frío y sentir fríamente son matices que la historia y la física se han encargado de pintar de azul y negro. Negro como la noche. Estoy casi seguro que sólo a los noctámbulos como yo nos gusta disfrutar de ese aire frío que cala hondo en los huesos aún así sea verano. No es cuestión de las estaciones del año o de la ubicación; es cuestión de ausencia y de dolor.

¿Por qué los estereotipos se han encargado de pintar el negro de la noche con horror? Cada signo vital que puebla nuestros cuerpos sabe que el frío y la noche no son compañeros de viaje. Mientras más calor y luz de sol, más feliz el organismo podría estar. ¿Y es que acaso la noche es símbolo de maldad y oscuridad de espíritu? Si las mejores cosas se hacen de noche. El amor, por ejemplo. Sin embargo, estas líneas no son para hablar de la noche en sí. Sólo fue un preámbulo a Nyx, la diosa griega de la Noche. Diosa que en sus entrañas divinas engendró a Thánatos, la clara personificación de la muerte en la mitología griega.

Es así que la Noche y la Muerte se encuentran en un torcido concepto de amor entre los dos. La muerte asecha de noche, se apodera de los mortales secundada por la oscuridad ófrica y fría. Sin embargo, Thánatos encuentra formas aún más creativas de hacerse inolvidable y nunca pasar desapercibido. De noche o de día, aquí o allá, el dios de la muerte pasa factura.

Es inevitable aquella sensación de vacío al sentir el calor abandonar tu cuerpo. Yo lo sé. Lo sé y no por hablar —o escribir—, no por mero charlatán sin tener nada que contar. Lo sé porque de noche yo vi al hijo de Nyx llevarse la última chispa de calor que en mí resplandecía. Tenía, si mal no recuerdo, unos 18 años. La cabellera larga y el cuero negro en mis ropas simbolizaban que también quería ser un dios. Un dios de la noche, un dios inmortal que solo sienta frío al caminar. Pero iba a ocurrir algo que cambiaría mi vida por completo, iba a conocer a Thánatos. 

Con tanta información y confusión en mi cabeza ya había reservado, inconscientemente, una cita con este mítico ser. Las artes oscuras —y vuelvo a puntualizar la parafernalia absorbente de la oscuridad y la noche— y yo ya teníamos cierto tiempo de conocernos. Había caminado senderos que nunca antes había imaginado, subido cuestas y bajado desfiladeros a pie. Quería conquistar algo que dibujaba por completo al antagonista de aquella muerte que tanto me seducía. El amor de mi vida —de aquella mi vida hasta entonces. ¿Cómo puede uno comprar amor vendiendo su alma? ¿Acaso debo sucumbir al frío de la noche eterna para poder vivir del calor que el amor “representaba”? No lo sabía a ciencia cierta. Sólo sabía que en una de esas noches yo quedaría atrapado y sólo un milagro podría salvarme.

Mi cita con Thánatos tuvo tinte moderno. Un colosal animal de acero que con sus cuatro ruedas girando a 1000 por hora me había mandado a las hambrientas fauces del león, a las once y media de aquella noche. Una ráfaga de luz había sido el inicio de mi oscuridad. Sentí que en alguna parte del universo alguien sufría sin siquiera verme. Por supuesto, debió, sin duda, ser mi madre. El golpe de aquella rauda embestida me había tumbado al suelo y destrozado una pierna, la clavícula derecha y algunas costillas. Bueno, eso fue lo que los médicos le dijeron a mi familia cuando vinieron a verme al hospital. Thánatos no tuvo piedad de mi alma y se la llevó a caminar por un par de horas. Me despojó de mi cuerpo terrenal y me mostró que el mundo no era tan lindo y caluroso como lo pintaban algunos. Creo que en algún momento de aquellas horas lo comprendí y hasta perdoné. Viajé y vi el dolor que mucha gente siente por culpa de otros que, sin permiso de la muerte, la infunden. Yo creo que ni Dalí lo hubiera pintado de manera tan extraordinaria como lo hicieron mis ojos aquella noche. 

Algunas horas más tarde, aquel ser mitológico había decidido darme una segunda oportunidad más. Ese detalle que a la noche le faltaba: piedad. Cuando volví en sí, después de seis horas los médicos batallar por mi cuerpo terrenal, lo primero que vi fueron los ojos de mi madre. No podía contener el dolor ni la impotencia por derramar las pocas lágrimas que me quedaban. No sentía mi piel ni el calor en mi rostro. 


¿Es la muerte el final del camino? o ¿simplemente el inicio de una travesía constante y etérea, infinita?

miércoles, 17 de agosto de 2016

PALABRAS, REFLEXIONES Y UN CAFÉ

Va pasando la tarde y el café se enfría lentamente en mis manos. Palabras vienen y palabras van, es como si la tinta se hubiera convertido en parte de mi piel. Cruzando la calle, la niebla infinita, inmutable, y en cada esquina un recuerdo distinto, una lección diferente, un tropezón y un abrazo al final.
Nadie es dueño de nuestra felicidad. Yo creo con firmeza que somos nosotros mismos quienes la debemos construir. La felicidad es cuestión de actitud, mas no de poseer riquezas, dinero, ni ninguna de esas banalidades propias de este mundo consumista que ahora nos acoge. No serás completamente feliz hasta que hayas hecho feliz a otra persona.
¿Alguna vez te derrotaron los problemas y las complicaciones? Pues, déjame decirte que muchos guerreros perdemos batallas, pero jamás perdemos la guerra. Esta guerra constante en la que estamos metidos aguerridamente desde que nacemos. El único rival que tienes por delante eres tú mismo, tú misma, con tus propias debilidades e incoherencias. Sin embargo, eres un ser libre y la razón de tu vida es tu propia autorealización. Debemos luchar cada día por cambiar lo que hacemos mal y mejorar lo que hacemos bien. Ten cuidado al poner tus ideales muy altos, sé consciente de que el verdadero ideal no es ser perfecto, sino ser un poco mejor cada día.
Aún recuerdo cada una de mis caídas, cada una de mis estridentes derrotas que hasta me condujeron al borde de este mundo en donde la vida y la muerte se sientan a tomar un café. Ese café que para este momento ya está tan helado como las noches del invierno paceño.

Tú eres el reflejo de tus propios pensamientos. Deja de pensar mal de ti y aprende a ser el mejor amigo de ti mismo. Aprende a sumergirte en tu interior y sonreír siempre. No necesitas mudarte de planeta para ser feliz, el triunfo llega sólo con mucho esfuerzo de tu parte.
Cree en ti mismo, cree en ti misma. Abraza tu singularidad, sin desmerecer la fe en los demás. No necesitas compararte con otros para sentirte bien con tu cuerpo y tu espíritu. Tú, eres tú. La razón de tu vida eres tú y tu paz interior será fruto de tu propia valorización.
Yo siempre te voy a querer así como tú eres. No trates de cambiar por nadie, sino sólo por ti mismo, por ti misma. No trates de cambiar a nadie: cada uno es responsable de su propio cambio. Critica menos y no olvides de agradecer a Dios, al Universo y a los tuyos por el cariño que te dan.
Aprende a perdonarte y a reconciliarte con tus propias debilidades. Revitaliza cada día tu solidaridad y tu compasión, sin olvidar que estás llamado a transformar el mundo comenzando por transformarte a ti mismo.
Aíslate menos y ama más. No discrimines ni juzgues a los demás, ni exijas que hagan lo que tú no has podido lograr. Ponte en su lugar y comenzarás a ser más tolerante.
Cierra brevemente los ojos, reflexiona un poco y empezarás a ver mejor. Recuerda siempre dedicarle tu tiempo a leer, porque es el secreto de la sabiduría; a pensar, porque es la fuente del poder; a amar y ser amado, porque es el camino de la felicidad; a trabajar duro, porque es el precio del éxito; a reír, porque es la música del alma y tu espíritu; a orar; que es el diálogo con Dios.

Aprende a amarte, a respetarte, a llenar tus años de vida. Dedícate a ser feliz cada día, hoy, mañana, eternamente y aún después.

viernes, 2 de octubre de 2015

SI DE ALGO ESTOY SEGURO

Nubes de un color más oscuro que el de tus ojos reflejaban en los míos todos aquellos anhelos que ya había dejado atrás el momento que te marchaste de mi vida. El viento ya no era el mismo, quemaba mis entrañas, y de las tantas mañanas que compartimos sólo quedaban las sábanas frías, el café helado y mis lágrimas secas por tu ausencia. 

¿Habré soñado tu rostro en alguna de mis tantas noches de bohemia y ron? No lo creo. De ser así volverías a mí con cada vaso y al compás de la música que tanto te gustaba. ¡Ya sé! Te imaginé, como imagino siempre las cosas más bellas que superan la belleza de este planeta; te imaginé y te dibujé en mi mente y en mi piel mejor que si lo hubiese hecho Van Gogh, Sabina o Picasso. De una u otra manera, el conocerte me demostró que sí existe vida después de la muerte ya que antes de ti yo andaba en un mundo sin sol ni calor, muerto e inerte día tras día; era un prisionero sin tierra ni nación alguna que quisiera cobijarme en su seno cálido. Sin embargo, no me equivocaría jamás si afirmara rotundamente que tú me liberaste de mí mismo, fuiste el indicador que separó mi vida en un antes y un después no sólo por lo que me enseñaste, sino, también, por las cosas que aprendí al verte cada mañana y, aún mejor, cada noche. 

Como dijo Octavio Paz “la imaginación es la espuela del deseo, su reino inagotable e infinito”. He ahí la razón del porqué inundaste mi cabeza con tu cuerpo y tu piel desde el primer momento en que mis ojos te vieron. Estoy seguro que ahora que te has ido te alegraría saber que fuiste tú y sólo tú quien encendió la mecha que hizo estallar mi ardiente y apasionada imaginación que ya había conocido tu piel mucho antes de la primera vez que hicimos el amor. 

¿Recuerdas la primera taza de café que bebimos juntos? Estoy seguro que sí. Estoy aún más seguro que tus nervios te escandalizaban en silencio ahí sentada en mi viejo sillón. Hablamos de todo y de nada al mismo tiempo; no creí que el tiempo existiera en aquel espacio intermitente que bordeaba la realidad y sobrepasaba el ensueño. ¿Sabes? Con cada sonrisa tuya, mi aliento se volvía cálido, la amargura de mi cuerpo sin vida se llenaba de dulzura. No estoy seguro de que me haya enamorado de ti en aquel momento o si ya lo había hecho mucho antes de conocerte; pero de algo sí estoy seguro, de que me enamoré de ti. 

El papel y mi tinta ahora ya no podrán verte más, no obstante mi voz seguirá viajando en silencio a través del viento y el tiempo hasta tus oídos. Ahora el reloj volvió a cobrar vida y, al marcharte tú, los minutos volvieron a apuñalarme por la espalda noche y día, aún más cuando deseo conversar contigo en mi soledad. Sin embargo, prometo volver a escribirte y retratar en cada palabra lo que vivimos juntos; inmortalizar tu esencia en mi piel a través de mi pluma para que el mundo entero sepa que si de algo estoy seguro, es de haberte amado con locura y desenfreno, sin tedio ni temor. En fin, que sepan todos, propios y extraños, que te he amado con pasión exorbitante, con premeditación. Y que sepan también que mi cama te extraña tanto como te extraño yo. 

lunes, 20 de abril de 2015

POR KNOCK-OUT

Historias miles vi pasar; muchas de las cuales no comprendí y aún no comprendo. Ese sentimiento que te envuelve cuando pierdes una partida de ajedrez y torturas a tu cabeza tratando de entender dónde te equivocaste. ¿Habrá sido acaso aquel Alfil que con tanta osadía cruzo el tablero sin ver que las dos Torres contrarias acechaban por ambos bandos? ¿O talvez el torpe movimiento en retroceso que mi Rey realizó, todo por temor a morir antes de tiempo?
Muchos cometemos errores, somos humanos. Sin embargo, hay varios que hacen de esa premisa el pan diario de cada día. A suerte de excusa, abusan de su condición humana errática sin saber que la aspiración a la divinidad perfecta forma la primera pieza en el tablero de nuestra evolución.
¿Cuándo fue la última vez que volviste a cometer el mismo error obviando la lección ya aprendida? Podría apostar a que fue en las últimas 24 horas. ¿O me equivoco? Es normal sentirse un campeón ---o una campeona--- después de haber olvidado al "ex" que tanto nos torturaba; o, en otro escenario, también ligado al anterior, pensemos haber llegado a la cima del mundo al haber completado meses de ejercicio viendo los resultados plasmados en miradas agradables que devoran nuestra humanidad. Sin embargo, en las últimas 24 horas fuimos nosotros los que devoramos una hamburguesa barbeque y bebimos alcohol; o fuimos nosotros los que le dimos like a la fotografía del ex (en caso hayan quedado como "amigos") con la pareja actual, los que le mandamos un mensaje con un dubitativo "¡hola!" o hicimos cualquier comentario "neutral" o "sin intenciones" en alguna de sus publicaciones en las redes sociales. Podrían argumentar al respecto lo siguiente: "¡yo no hice nada de lo que escribiste! Esa es una historia de mi pasado que no vuelvo a tocar jamás." Pero, ¿acaso no comparamos el pasado con el presente? Sólo nosotros conocemos la enredadera de ideas y sentimientos que existen en nuestra cabeza.
La idea es no ser un renegado del pasado y formar parte del Programa de Protección de Testigos de nuestra vida. Sí, fuimos testigos de varios crímenes a nuestros ideales, a nuestro corazón. Y, ¿tienes idea de quién es el culpable? Así es, nosotros mismos. En consecuencia, no huyas de tu pasado, no trates de protegerte de aquél que te hizo daño ---que, repito, fuiste tú--- y disfruta cada uno de los segundos de vida que tienes, ellos no vuelven. No dependas de tu pasado, utilízalo para vivir mejor y crear un futuro brillante. No tenemos sólo 12 o 15 rounds, tenemos miles que se agotan cuando nuestro último respiro se agota también. No obstante, recuerda: no importa la cantidad de asaltos que tengas, lo verdaderamente importante es ganar por knock-out la mayoría de ellos.

miércoles, 18 de septiembre de 2013

THE FRUIT OF PERSEVERANCE

Currently the society and the enviroment in which it develops, induce people to think or handle a context in which oportunities of work, success or overcoming are generated spontaneously with out an effort. However one must fight under any circumstances, to get that one want to propose. This story shows the value of the perseverance in beyond circumstances and in which none person has the power of choice over it. 

In the Bolivian highlands has a restricted lifestyle in which people has to fight every day to survive , this is the case of John, who had to fight and persevere to get a future success. 

John was 17 years old and he had finished his studies at school, his parents had decided to send to the city to go to college, but it involve a huge sacrifice, respect economics concerns. 
"There ain't no lifts for success, you shall have to take the stairs."

Arriving in the city, John and his mother searched a small room in which he could be there. His mother left money to John while his parents would assemble more. Weeks passed and John was already in college, however it involved too many sacrifices, because when he was in examns he had to borrow books from college and when he couldn´t pay for the light in the room, he had to search the light of service public. He just ate the food that his parents could sent. 

In one occasion when his parents had to visit to John, they had an accident and died as a result of both which was devastating for John, because he studied for the effort of his parents and now he was alone.
He never thought in easy outs, and always saw in front, and striving more and more, he finished his career dedicated in memory of his parents.
It´s very difficult to understand the differences of the society, which is defined categories of classes, where the privileged have everything you need and where the less privileged must struggle to get what they want. This is a clear example of the fruits of perseverance, not only by John but by the effort and dedication of his parents, who fought for your child to be a better person. Perhaps in the near future we get to work together for the marked differences not present a big gap, and we support all those who intend to overcome.


viernes, 13 de septiembre de 2013

COMING BACK...

Ain't no words to say. The day has come to an end and a new reborn is about to see the dawn of another journey. Changes to come are seen above. The horizon shine seem to be dim, then again clearing the world of this human being.
See you soon, fellas...

jueves, 4 de julio de 2013

LOVE ON THE ROCKS

"Love stories generally build up to a romantic climax and then end, leaving us with the impression that the couple lived happily ever after. Sadly, the reality is rarely as rosy as this.
In the first flush of love nothing much matters beyond being together - no sacrifice is too great if it helps you spend more time with the person whose mere presence intoxicates you. But when the intoxication starts to wear off, as it does unfortunately, little misunderstandings start occuring, causing friction, irritation, long cold silences or angry rows and the rosy image of love can give way to a deep sense of disillusion. 

"Aquella luna que iluminó la oscuridad de la noche en la que caminaba, es la misma que te dediqué sintiéndote cerca, tan dulce, cálida y dorada como la miel que probé de tus labios..." (MJ)
—That moon which lit up the darkness in the middle of the night I was walking on, it's the same one I dedicated to you when feeling its closeness, so sweet, warm, as golden as the honey I tasted in your lips...
Why is there this friction between men and women? John Gray thinks he knows the answer. The root cause of the problem, apparently, is that men and women don't understand just how different they are emotionally. Men and women respond to problems in very different ways and consequently have very different emotional needs. When people insist on their own needs and fail to properly appreciate the needs of their partners there is bound to be friction. 

Women, typically, deal with problems and stresses by talking about how they feel. A woman may easily feel overwhelmed and by talking she will find relief and feel less upset. There is no need necessarily to deal with the practicalities of the problem - they are of secondary significance. What really matters is expressing herself, exploring her emotions and getting the support from a loving relationship in which she feels that she is understood. 

Whereas women want to talk and talk about their problems, men withdraw into the caves of their mind to focus on solving the problem. A man's self-esteem is built on a sense of how competent he is, so he feels he must develop the skills to solve his problems on his own. Asking for help or idly expressing how terrible you feel is perceived as an admission of weakness and incompetence. Rather than looking for understanding, men want their partners to admire them for the way they achieve their goals. 

To illustrate a typical lack of understanding Gray describes the following scenario: a man and a woman return home burdened by their respective problems - he has been sitting on the train or in his car silently trying to work out the problems of the day, but they seem insoluble and a guy like this, when he gets home, is likely to have a burning need to just sit in front of the telly or play a game just to take his mind off his problems and find a way to gradually relax. But just when he is trying to forget a confusing and problematic reality, his partner wants him to listen as she pours out all her problems, looking for support and understanding. If he has the energy, he may tolerate this just enough to work out what the main problem is, then he will bluntly suggest a solution before returning to the TV or the game. But the woman doesn't want solutions - she wants a kind ear and someone to embrace her. Each annoys the other: he with his silence and she with her continual moaning. 

The more busy life becomes, the greater this friction will be. As the problems men face seem greater and more intractable, the more they need to escape and the less they are able to patiently sit and lovingly listen to their partner's frustrations. The more demanding a woman's life becomes, the greater her emotional turmoil is and the more she has to express. If her partner is glued to the TV or out skydiving all the time, they will grow further and further apart.
John Gray, whose job it is to provide counselling for couples, is optimistic. With a little help he thinks men and women can understand each other better and learn to respect their differences. He thinks that women can start to respect that men need to withdraw to cope with stress and they can realise that this doesn't mean that they no longer love them. And he is convinced that men can find that listening to their partner talk about her problems could actually help them come out of their caves in the same way as watching TV or skydiving. Apparently, men need to be needed. By learning to listen without giving solutions they can see how much of a positive difference they can make in their partner's life and thus appreciate how important they are. So the key to keeping the flames of love alight would seem to be less telly and more listening."

miércoles, 14 de noviembre de 2012

MÍTICOS INMORTALES EN ESPÍRITU



Llegará el día en que los años pesen sobre nosotros y que sobre aquellos cándidos recuerdos de niñez, estén los varios matices que dibujaron de cuerpo entero nuestra adultez. ¿Estamos listos para aquel momento? Si el horizonte se hace cada vez más lejano mientras avanzamos en nuestr humilde barca llamada "vida", ¿ qué pasará cuando lleguemos a tierra? ¿Acaso es el fin? ¿Habremos alcanzado el limbo ideal al cual otros llaman "el más allá"?
A veces, sin siquiera saberlo, pasamos de largo todos los momentos maravillosos que hicieron brillar nuestros ojos en juventud. ¿Quién hizo semejante magia? Pues, los personajes míticos y de leyenda, nuestro superhéroe; aquél íntegro mortal que se hizo inmortal en nosotros: nuestros padres.
Al unísono verseando a Facundo Cabral cuando canta: 
Un sendero que nos mostró y que ahora debemos seguir.
"La vejez... 
está a la vuelta de cualquier esquina,
allí, donde uno menos se imagina
se nos presenta por primera vez.
La vejez...
es la más dura de las dictaduras,
la grave ceremonia de clausura
de lo que fue la juventud alguna vez."


“Ya no se acuerdan de mi; ni mis hijos me llaman”, expresa con tristeza Alberto Quintanilla, un hombre de 77 años que se dedica a la carpintería en un pequeño taller instalado en su casa cerca de Tembladerani. Así como Alberto, existen varios hombres que ya fueron puestos en el olvido por el tiempo y, aún peor, por sus propias familias. Se puede percibir el aire frío alrededor de aquellos padres que ven pasar los días en soledad y con el enorme desafío de sobrevivir. Algunos trabajan a pesar de pertenecer ya a la tercera edad, otros, en cambio, no pueden hacerlo y dependen de la renta que proporciona el gobierno que, si bien cubre algunos gastos, no les basta para poder vivir en “dignidad”.
Cerca de la plaza Riosinho, en la zona norte de la ciudad, abordé un taxi cuyo conductor era un hombre respetuoso, con algunos hilos plateados en su cabellera y mirada dulce. Cristóbal Choque, oriundo de la ciudad de Potosí, comenta con cierta tristeza y a la vez con un tono de resignación en su voz que su esposa murió hace 5 años y que desde entonces el debe trabajar “taxiando” de día y a veces algunas noches para poder pagar su renta y algo de comida. Cristóbal tiene un hijo de 33 años al cual ve con poca frecuencia. Si bien su hijo es profesional y trabaja, no colabora con su padre en gastos y lo visita muy poco. “Ya ha pasado el tiempo y yo cumplí mi labor; hice casi todo lo que tenía que hacer por él. La vida se acaba para mi y pues no puedo ir y molestarlo cuando el esta con su familia (esposa e hija). Prefiero no ser una carga y ganarme mi platita yo solo”, dice.
De la misma forma existen varios hombres que pasaron casi todos los días de su vida al cuidado de sus hijos; que los vistieron y educaron; que “se rompieron el lomo” para sacarlos adelante y formarlos para que esos hijos puedan defenderse solos en la vida. Padres de clase media, media baja y hasta padres de clase alta sufren esta congoja y aún más en estas fechas creadas por el hombre para celebrarlos. Sin embargo, hay otros padres que piensan muy poco en esta fecha y prefieren vivirla lo más normal posible; sin regalos, tarjetas o cosas materiales que “demuestren” todo el cariño que sus hijos sienten por ellos. Tal es el caso de Santiago Cortéz, auditor de profesión y con más de 30 años de experiencia como funcionario público, relata que a lo largo de su vida poco o nada le importaron los regalos en este tipo de celebraciones. “A mi no me interesan nada los regalos ni nada material en estas fechas. Prefiero mil veces que mis hijos (Nicolás de 23 y Soledad de 21) sean personas de bien y responsables consigo mismos. Para mi el mejor regalo de día del padre es saber que mis hijos llevan una vida ordenada y que son personas responsables, con valores y útiles a esta sociedad”, afirma con certeza el Licenciado Cortéz. 
Mientras van pasando los años, la juventud va olvidando aquellos valores de antaño que nuestros abuelos inculcaron en nuestros padres; aquellos valores de respeto, solidaridad y amor incondicional que forjaron la vida de los hombres que nos engendraron. El tiempo no se detiene ante nada, y la vejez llega a nuestras vidas tarde o temprano. A los padres que ya “cumplieron su labor”; a aquellos que sólo les falta esperar en su lecho a la muerte; a todos aquellos padres que sufren “más dura de las dictaduras”, a todos ellos se les debe un profundo respeto y vehemencia por todos los días que trabajaron por que sus hijos tuvieran un mejor futuro. En las palabras del cantautor argentino, Facundo Cabral, “La vejez... es la antesala de lo inevitable, el último camino transitable. (…) La vejez... es todo el equipaje de mi vida, dispuesto ante la puerta de salida por la que no se puede ya volver.” Honremos a nuestros padres, démosles un abrazo y un “te quiero” mientras podemos aún sentir sus latidos y el calor de un fuerte abrazo.                                                                                                                                    A mi padre, con amor.

domingo, 7 de octubre de 2012

MUNDO CICATRIZANTE


Era un día cualquiera con etiqueta de domingo. El sol resplandecía en los cielos y aún no sé porqué mi día fue tan negro como una noche de invierno. Sí, así joven era, había caído en las manos traidoras y frías del licor. Excusas varias que brotaban de mi boca a la hora de explicar todo lo que me había llevado a tomar copa tras copa hasta perder el juicio. A veces decía que ésa era la vida de un músico, bohemio y deprimido. Otras, decía que mis problemas no podían ser peores y que aquel líquido transparente borraría cada huella, cada paso.

Si bien no fue por mucho tiempo, el corto lapso que duró mi caída roía mi interior de la manera más desgarradora. Con los pantalones cubiertos de tierra por las veces que mi cuerpo sucumbió a la gravedad, caminaba lento por las calles de mi querida Tembladerani. Un barrio solitario y silencioso que cobijaba a propios y extraños. Ahí, cerca de la Avenida Jaimes Freyre, me di cuenta que no podía caminar más y me senté sobre el cemento recalentado por el astro rey. Había recorrido un largo trecho, calles extensas y con un aroma a 10 de la mañana. 

Horas previas a aquél helado momento, desperté en un bar muy cerca del Cementerio General. Me vi sin un centavo para volver a casa, sin mi móvil en el bolsillo; lo único que colgaba del pasador del pantalón eran mis llaves inertes hechas de metal.

Caminé y caminé sin un rumbo establecido. Mi cuerpo reaccionaba automáticamente y cogía velocidad. Un paso a la derecha y el otro, a cualquier parte. Mi apariencia poco usual asustaba a todo aquel que se me acercaba involuntariamente. El cabello sucio y largo que despedía un hedor a tabaco cubría mi rostro, mi piel enrojecida por los golpes súbitos de cada vaso que llevaba en la mano, vaciando su contenido en mi interior. Una delgada chamarra de cuero me había acompañado toda la noche, sin desampararme un solo instante. Era difícil caminar con aquellas botas. Me caía en algunas cuadras. Creo que mi brazo derecho realizaba una limpieza de pared al caminar apoyado en ella.

Y así, cuadra a cuadra, veía más cerca mi llegada a casa, a mi cama. Como no tenía ni un centavo, me detenía de rato en rato en varias tiendas para pedir algo de dinero que me ayude a estar a salvo en aquella jungla citadina repleta de silencioso frío y pavimento. Obviamente, no tuve mucho éxito. En una carnicería me dieron dos bolivianos; en una pensión sólo cincuenta centavos. El recorrido aún no había concluido y cuadras más adelante, consigo reunir seis bolivianos. Lloraba en cada paso que daba, no lograba comprender las artimañas con las que la vida me había jugado sucio hasta ese instante. Yo era un muchacho normal, de clase media y trabajadora. Con 17 años sobre la espalda, un número que sólo figuraba en mi carné, ya que la vida me había dado el doble de años con golpes a sabor de experiencia.
Creo que eran las 11 de la mañana cuando mi cerebro confabuló con mi tristeza y me hizo desear una gota más de alcohol. Ya por llegar a la conocida Vivienda Obrera, muy cerca del Estadio Bolívar, encontré una pequeña tienda, oscura en su interior que era resguardada por una mujer mayor. Le pedí de inmediato me vendiera un frasco de alcohol Guabirá y que además me regalase una bolsita rellena de agua cruda. Conseguí alimentar aquel repentino deseo y seguir bebiendo.

No era ningún indigente, pero aquel fatídico día conocí a gente que sí lo era. Ya cerca del Mercado “Stronguer”, mi cansancio hace que repose en una banca de madera que yacía solitaria en la puerta de una peluquería. Es entonces cuando se aproxima un hombre mayor, de unos 70 años aproximadamente. Su cabello pintado de gris cubrían las cicatrices que enmarcaban su rostro. De corta estatura, aquel hombre decide acompañarme. Traía dentro de la manga izquierda de su chamarra rota, una botella transparente de plástico. Extendió su brazo y me alcanzó aquel líquido embotellado. No era alcohol, pero sabía horrible. Yo, a modo de corresponder, le invité un sorbo de mi bolsa. Fue sorprendente su reacción acompañada de las palabras “esto es agua, no más”.

Asustado, no estaba. Me puse de pie y quise seguir bajando, pero este hombre me invita a acompañarlo a su “casa”. Accedí. El viento soplaba y mi cabello huía hacia atrás. Cada paso fue tan lento para mí, como si estuviera en dirección a mi muerte. Llegué a la “casa” de aquel ser y me di cuenta que no tenía paredes ni techo. Era un parque escondido detrás del mercado que contenía los peores escenarios que jamás haya visto. Mujeres, hombres y hasta niños se encontraban ahí. Al ir acercándome se reunieron alrededor y reconocían al visitante fugaz.

Un mundo lleno de compañerismo utópico se abría delante de mí. No recuerdo sus nombres, o mejor dicho, las “chapas” (apodos) de aquellos individuos olvidados por la sociedad. Ese día toqué fondo. Ese domingo mi vida vería colores que jamás se había imaginado ver. Bebí y bebí, ensuciando mi alma al mismo ritmo que mis brazos. Fue triste la manera en que conocí aquel sub mundo.

Ya llegada la noche, me fui. Caminé en silencio para que no notaran mi ausencia. Me aleje cuadra a cuadra, llorando. Aquella noche llovió en la ciudad y en mi interior. Ya en la puerta de mi casa, no pude coordinar mis movimientos y dejé caer mis llaves. Dentro de todo aquel trágico día, sonríe, casi furtivamente, una luz intermitente que cegaba mis ojos rojos e hinchados por mi desvelo. Mi madre. Abriendo la ventana, como presintiendo que una parte de su ser estaba ahí abajo, necesitando ayuda, me habló. Bajo a abrir aquella puerta metálica y ruidosa que me alejaba de mi hogar. Lloré a caudales, tanto que hubo un diluvio en mis ojos al sentir el abrazo de aquella mujer que me había dado la vida.

Comprendí que uno no valora lo que tiene hasta que siente haber tocado fondo. No volví a beber en meses, pero eso sí, ayudé a mucha gente que había sido devorada por la sangre del mismo demonio: el alcohol. La vida tiene matices distintos que necesitan de habilidades más grandes cada vez. El aprendizaje basado en la experiencia talvez sea el que más duele, pero estoy seguro que es el que mejor se valora.